Creemos en nosotros,
aquí nadie reza.

martes, 10 de septiembre de 2013

P.


Hoy, sentada frente a la ventana, mirando la calle, quizás sin verla, pensaba en la sensación que me dejó el sueño de ayer, que no de anoche.
No sabría describirla, pero sí puedo describir el sueño, o parte de él. No hay que ser un gran poeta para meterse en el lenguaje de los sueños, en un mundo más onírico y abstracto de lo deseado por muchos (de ahí la casi imposibilidad de entender lo que soñamos).
Era quizás una escena demasiado normal, estaba con una amiga comprando la cena en un supermercado que había visitado hacía apenas un día antes de soñar esto. Y estábamos dando vueltas buscando la comida japonesa, o yo qué sé, algo que hacer de cena que no sea la típica hamburguesa y patatas fritas de bolsa. Y de repente le veía, estaba con sus amigos, y como suele pasar, no nos hacemos ningún caso, cada uno a lo suyo, pero me ve, posiblemente sea yo la que no me quiero acercar a él, por miedo, o no sé, algo, que me impide acercarme como si fuese una persona educada normal, pero quiero hacerlo, y no lo hago. Mis amigas lo saben, y me dicen que vaya. Que vaya y le hable. Y yo pienso, no, por favor, hay reglas en mi cabeza de una relación que jamás ha existido, que es más simple de lo que yo quiero imaginar. Pero yo sigo con mis miedos y no quiero acercarme. Estamos los dos en la cola del supermercado, en distintas. Salimos a la vez, y sigo pululando por ahí, y él también, con sus amigos.
Aquí he de confesar que no me acuerdo qué pasó, cómo llego todo a el final que ahora describiré.
De repente, y digo de repente porque no me acuerdo de cómo pasó, él me abrazaba. No cualquier abrazo, no, sino un abrazo largo, de esos abrazos que no se dan en la calle a no ser que esté desierta y seáis tú y él, en donde quiera que sea, pero solos, sin formar todavía un “nosotros”, pero habiendo algo que te hace decir “Joder, esto no tiene ningún puto sentido” gritando en tu cabeza, cabreada porque se te escapan cosas, pero sigues la frase “pero, coño, le quiero”. Y sigues con tu cabreo, hasta que le ves y te olvidas del resto, solo sois el aire, tú y él los únicos que existís.
Me desperté con esa sensación. Ese calor, ese “algo” que sientes cuando te abraza alguien que de verdad quieres. Pero fallaba algo, su olor no estaba en tu ropa, ni en tu cuello, ni siquiera en tus mejillas, ya no queda nada de cuando se despidió por última vez hace unos días.
A veces pienso en él, en medio de mi alfombra, de pie, abrazados. No nos besábamos, simplemente le abrazaba y le acariciaba la cabeza. Él no sé si me acariciaba, no lo recuerdo, pero fue la mejor sensación de mi vida, mejor que una sonrisa, y mucho mejor que un polvo cualquiera. Su cabeza, con el pelo quizás demasiado corto, y ahí sí, su olor estaba en mi ropa, en mi cuarto. En mí, y lo recordaba, hasta que lo olvidé. Por eso me sentí engañada cuando me desperté y no había ninguna evidencia de su paso por mi vida de nuevo.
Todo me hace plantearme un nuevo mundo adulto, en el que alguien te dice “Bienvenido, se acabaron las gilipolleces” y te suelta una ostia para que despiertes. Y lo siguiente son tropiezos, porque te ha desequilibrado. Tropiezos torpes que duran años, y que hasta que no te caes como un crío aprendiendo a andar, no vas a volver a tener oportunidad de volver a levantarte y tener el equilibrio suficiente como para que no te hagan ni temblar.
Y eso fue mi historia, mi primera ostia en este ámbito. Ya solo me queda seguir equivocándome, pero yendo a mejor, siempre. Se acabó la torpeza al recitar poesía de Nuria Amat, de trabarse en sus versos.
Ya no soy una cría. Aunque tampoco llegaré nunca a adulta. Seguiré con mis películas de Disney y mis poemas de verso libre.

lunes, 19 de agosto de 2013

Ch.

En 10 minutos es mi cumpleaños. Y siento que no me queda aire para soplar las velas, que me faltan las fuerzas para no saber dónde mirar cuando me canten, y me quedaré mirando un punto fijo en la nada, intentando darme ostias para reaccionar. Quizás contra su recuerdo.
Joder, qué duro es verle y no saber qué hacer. Dónde meterme, o dónde huir. Pero no quiero huir, solo quiero dejar que me abrace, que me diga "Nena, ven" a mí, y a otras, pero quiero que me lo diga, joder.
No estoy bien con nadie, pero porque no estoy bien conmigo misma, o me hacen no estar bien. "Tienes que ser fuerte", "Lo que te digan los demás no importa". Ya. Retahílas que nadie sabe seguir y que todos conocemos.
Hay una diferencia abismal entre "persona que quieres" y "persona que conoces". Cuando son los primeros los que te ponen zancadillas, pasan dos cosas, dejan de ser queridos, y te hundes. Pero quedan otros, se llama "familia". Y me estoy muriendo por ellos, y no lo aguanto más.
Tío, que he llegado a pensar en atrocidades por ellos. Que era yo el problema, que debería desaparecer de sus vidas, que sobro. Y sigo pensándolo, sin poder evitarlo. Porque la de gritos que mis oídos han tragado me hace sentir cada día peor, que doy asco, y que no soy nadie.
Nadie me conoce porque me he llegado a creer que no merece la pena conocerme, que soy un problema. Y pocos se molestan en hacerme ver que no, y mientras ellos dan un paso por mí, otros me ponen barreras. Que si inútil, que si estúpida. Ya no puedo más, y lo único que me escucha es esto, una página en blanco.
Qué triste.

Un beso.
Feliz cumpleaños, S.

martes, 30 de julio de 2013

Qué te pasa. Os odio.

Solo quiero que cesen las voces. (Que no paran.)

(Que no paran)

sábado, 13 de julio de 2013

Anotherwayhome.

Hoy ha habido tormenta, pero no me he parado a mirarla.
Siempre me han gustado los rayos, pero esta vez, los de mi cabeza eran más grandes, más impresionantes, y por supuesto, estaban más cerca de freírme, y por ello debía tener cuidado, o me quemaría de verdad.
Ese haz de luz continuo (porque era la misma luz) tiene nombre, y no cualquier nombre. Es uno bonito, especial. Que marca latidos y los destruye.
Debería dejar de pensar en él de la forma en que lo hago. Un café y dos besos bastan para volver, como una puta, como una cría, o como una puta cría. Pero ahí está él, joder.
Y ya no sé qué hacer. Cada día me enamoro de muchas personas. No, no es amor. Es interés, y es lo más cercano que voy a llegar a conocer.
Es todo un engaño, y soy una maestra, pero él juega mejor que yo, y me gusta el tablero. Andar sin conocer a dónde, sabiendo que, aunque sea todo mentira, su compañía estará para guiarme.
Aprendemos el uno del otro. Comportamientos sociales. Cómo hacer que formamos parte de algo, cómo darnos a conocer, pareciendo personas abiertas, fáciles de conocer.
Pero putos pantanos y barrizales por los que rodeamos nuestra cabeza. Y niebla, mucha niebla. Y una noche sin estrellas lejos de farolas y caminos asfaltados.
Creo que nadie nos entiende más que nosotros mismos (y esta es una gran mentira).
Sin conocernos (darnos a conocer) cómo cojones nos va a conocer nadie.
Lo intento, juro que lo hago, pero no puedo cambiar toda la estructura de mi cabeza. Con ella me siento lo suficientemente segura como para saber que jamás podrán entrar en ella. Y él me intriga tanto porque rompe mis barreras (y le dejo sin darme cuenta).
Y esto es lo que nadie entiende. Si le quieres (interés) por qué no estáis juntos, por qué te anclas en ese perfil de amor imposible y demás chorradas. Y yo me pregunto, ¿cómo cojones voy a querer a alguien más si no me quiero ni a mí?

Oye, A. Gracias por todo. Espero que jamás leas esto, de verdad, porque es lo más cerca que he estado de una persona, y que supieras esto me acojonaría demasiado, sobretodo sabiendo que jamás podré quererte o darte el cariño que tú me pides (pero te prometo que lo intento, de verdad). 

Todo esto me hace sentir mal. Me mata y no sé cómo controlarlo. Ojalá pase todo rápido, y ojalá aprenda a dejar de actuar.

Charlotte.

lunes, 8 de julio de 2013

La cruda realidad.

Joder, es que ya no lo soporto más.

viernes, 14 de junio de 2013

viernes, 31 de mayo de 2013

Gehiago.

Niño, ¿sabes qué?
A ratos odio cómo se comporta. El ancla que tira a la realidad y la forma que tiene de no salirse de ella nunca. Pero de nunca, de esos de verdad, en donde las tonterías que dice, la forma de hacerme reír, es todo real, y no me gusta. No hay metáforas, no hay vida más allá de su forma de ver el mundo, y no es su mundo propio, sino un mundo gris, el de todos.
Me gusta que se salga de ella, que pueda decir que se vendría a vivir a Plutón conmigo, aunque eso sea imposible.
A veces pienso como cuando era pequeña, en que soy una princesa y él mi príncipe, que tiene que salvarme, pero eso no pasará nunca porque está demasiado ocupado pensando en sus planes de futuro. Un futuro que no es conmigo, y que no lo será nunca, por mucho que le quiera querer. Nuestras realidades son distintas, yo busco algo de acción, salirme del gris, ni siquiera quiero el rosa, y no puedo con sus "Yo soy normal", porque de tanto que se lo repite, lo es. Normal, con sus colores aburridos de la mano.
Quizás no lo soporto porque me da envidia. De la buena, de esa que se supone que es sana.
Sé que no es feliz, que cambiaría muchas cosas, pero aún así, se conforma. Me gustaría ser así. No luchar contra dragones que ni puedo vencer, y que ni existen.
Nadie entiende lo que es querer algo y no poder conseguirlo, y no parar hasta que lo consigues, por muchos imposibles que tengas delante. Y yo viviré en Plutón, lejos de todos. No, de todos no. Quiero a alguien que me acompañe, al que quiera sin dudas, con el que pueda discutir a gritos cada semana, que se vaya, y luego vuelva, para romper la rutina, porque ambos sabemos que nadie más va a soportarnos como lo hacemos nosotros, y echamos de menos, y a veces de más. Pero un tiempo en silencio, en la bañera con agua quemando, o en un descampado, pensando en lo feliz que te hace el discutir, el besarle, porque cuando le ves y no sois nada, lo único que miras es su sonrisa, y sus ojos diciendo todo lo que jamás se podría decir.
Y eso es lo que quiero, emoción, que los días grises ya vendrán cuando me haya rendido (supongo que eso es lo que más me molesta, que se ha rendido).
Tuya, p/d.
Ch.

sábado, 25 de mayo de 2013

Cartas a imposibles desvanecidos y no tan ausentes.

Querido D.,
¿Sabes qué? Eres lo único que me ata a la cordura, niño.

Querido A.,
Llega un punto en el que la confianza me asusta. 

Querido P.

lunes, 13 de mayo de 2013

Mamá, tengo miedo.

Mamá, estoy nerviosa.
No sé qué está pasando en mi otro mundo, pero de verdad que me gustaría saberlo, sin mentiras. Todos los trapos sucios.
No me encuentro bien, entera, no lo suficiente como para estudiar. Necesito ir a ese hospital y tú no lo entiendes. No entiendes que he visto a esa mujer convaleciente, de que fui yo la primera que se dignó a pasar por su casa y preguntarle qué tal estaba, la que le obligué a comer sopa cuando ella lo único que quería hacer era morir.
Y ahora soy apartada, como una niña que no debería tener choques tan grandes. Ver a alguien muerto es un shock, lo sé, pero la culpa de no haber hecho nada, de no haberme despedido, de saber que podría hacer algo, aunque sea leerle un cuento, o hacerle compañía aunque esté dormida.
Mi vida en este mundo es horrible.
Releo sus mensajes, ¿sabes? Hoy he vuelto a releer un mensaje suyo, y a escribirle. Pienso en D., en A. en M. y en él. No sé qué hacer y me tiemblan las piernas.
Tengo té en una taza al lado, y galletas secas, y parece que es lo único que llevo comiendo varios días, y no lo parece, es así. Y Monster, en ayunas.
Otro fin de semana más que he salido de mis mundos y he entrado en el de otros. No sabes la felicidad que da salir y explorar algo desconocido, y estar cómodo con ello y que el que está contigo lo esté.
De despertarte y verle a él, a tu lado. Notar frío y poder pegarte a él, porque sabes que aún dormido te abrazará. El cariño infinito que se siente en ese momento, cuando no lo habías vivido antes, es impresionante. De ducharte, con agua caliente, y él esté haciendo la comida, como si todo fuese normal y esa fuese de verdad nuestra vida. Naturalidad en estado puro, sin nadie que nos juzgue y nos diga que está mal.
Me gustaría volver, y vivir así, con él, más tiempo, pero no puedo abandonar mis vidas, mis máscaras y mis muros. Tampoco a esa mujer, mamá, que no me dejas ver. Exámenes, lo entiendo, pero no sabes lo cruel que es, el engaño que se siente. La soledad que se intenta llenar con muchos nombres, y solo un par de ellos te llenan de verdad. Palabras, y muchas palabras más después te das cuenta de lo que significa todo, de la banalidad de todo, y de que el egoísmo es la única salida.
De que tu egoísmo y el de alguien de vez en cuando se juntan. De que no te importa tener a alguien tan cerca, porque su pelo es suave y te gustan sus labios, y tú le gustas a él. 
Y libertad, mucha, de poder elegir sin olvidarte de nadie, de ver nuevos mundos y ver que no te gustan. Saber dar portazos o saber tener cuidado en las despedidas.
Y asumir que se tiene que pronunciar "adiós" muchas veces a lo largo de la vida. Unas por obligación, y otras por necesidad.
Vuelvo a mis apuntes, Hobbes no se lee solo.
Un beso a todos ellos.
Ch.

sábado, 11 de mayo de 2013

Papá, me hago mayor.

- Papá, ¿cuántos años tengo?
- Diecisiete, ¿no?
- No, papá, tengo veinte años. ¿Recuerdas que estoy en la universidad?
- ¡Ah! Sí, es cierto. Bueno, y, ¿qué?
- ¿Sabes esa frase que decís siempre? ¿La de que cuando me conviene soy mayor y cuando no, soy una niña?
- Sí, claro.
- Pues ya no volveré a ser nunca una niña.

jueves, 25 de abril de 2013

weom



miércoles, 17 de abril de 2013

Vr.


Me he dado cuenta de la farsa que es todo, de que si sigo aquí, entrando poco a poco en el sistema que tanto odio, me perderé del todo, seré un zombie más que no querrá hacer nada, una autómata que irá a trabajar todas las mañanas, que se odiará a si misma y que nunca podrá ser feliz.
He pensado en qué me hacía feliz, en qué me gusta, y he visto la lengua.
Que esté haciendo algo relacionado con ella no significa nada, que la estoy conociendo más, que sé qué es un deíctico o x figura retórica y sepa reconocerlos, pero, ¿yo para qué necesito saber eso si lo que quiero es escribir? Nadie me está enseñando un estilo bonito, o una forma de hacer figuras, es una ciencia de la lengua, y yo lo que quiero es aprender a ser una persona crítica, que tiene su estilo propio y que está bien, que está aceptado. Mucha gente me dice que escribo bien, que les gusta cómo escribo, y yo en los textos que leen no veo las marcas de Lorca, o de Neruda.
¿Qué significa escribir bien? Yo lo veo como un distanciamiento del resto, una emulación, natural, de otros. Las palabras son de todos, ellas no cambian, pero sí cambian la forma de ser utilizadas. Saber elegir momentos para meter un lo siento a tiempo, y no quedarse callado cuando tienes que decir algo y no saber cómo decirlo. Esto no lo he aprendido en ninguna clase, ni en ningún libro que he tenido que estudiar, sino en una canción de un grupo de rap llamado folie à trois, decía esto: “Me dijo una gitana que un día palmas y lo que no hayas dicho te lo llevarás contigo para el nicho”.
Lo que quiero decir es que para lo único que me sirve la carrera es para conocer gente que veo innecesaria en mi vida y al final de ella tener un título que diga que sé algo, pero que ni siquiera sabré, porque no me interesa, y no veo necesario ese conocimiento, sí saber dónde encontrarlo. Esta distinción viene de un capítulo de no sé qué libro que jamás leí entero, y ahí decía que el conocimiento era de dos tipos, el que tienes dentro de tu cabeza, o el que sabes dónde encontrar.
Creo que el conocimiento debería hacernos felices, libres, y yo solo veo más barrotes. Y me agobio, y me frustro y no puedo hacer nada, porque vaya por donde vaya dentro de mi cabeza, finalmente veo un cartel que pone “No puedes pasar”, y barreras, muchas, que yo sola no voy a conseguir saltar, y que la gente que voy conociendo aquí, tampoco me ayudará.
Me he metido en un sitio que es completamente contrario a mí, y eso se nota. Se ve simplemente con las ideas con las que ellos están de acuerdo y yo no comparto y discutiría sin ningún miedo. Pero aquí tengo miedo, porque soy yo contra una institución, no son personas, son números. El nombre “numerario” me parece un nombre cruel, evidencia que son uno más dentro de un conjunto. Respeto a quien quiera meterse ahí y ser uno de ellos, completamente. El problema es que ellos no me respetan a mí por pensar distinto, y por eso tengo que callar.
Los medios de comunicación en los que me hacía tanta ilusión trabajar son una farsa. Me gustaba el papel de denuncia social que tenían, el poder de ellos, pero su poder ha muerto y solo son un arma más de un gobierno que pierde la democracia por momentos porque no hay nadie que denuncie sus comportamientos. La población está descontenta, y se mueve, y lucha, y no les importa recibir ostias si consiguen algo, pero ese algo se vota en las urnas cada cuatro años, y volvemos a lo mismo, a un partido que promete mucho y que hace poco.
Esa es la gran contradicción que tengo metida en el pecho ahora mismo sobre mi futuro profesional. Yo quería denunciar, intentar cambiar las cosas, y me he dado de lleno contra un campo de fuerza que es necesario tirar, pero que pocos saben que está ahí.
He aprendido muchas cosas, muy interesantes, pero no soporto más esta contradicción, ni en el futuro, ni en el presente. Me siento sola luchando contra mí misma en un intento de no perderme, y, de verdad, no puedo más. Estoy cansada de que mis ideas no cuenten, de ver manifestaciones y no poder meterme por miedo a que me echen de la universidad y decepcionar más a mis padres.
Pero necesito ser egoísta y dejar esto. Habrá una bronca, enorme, pero el final espero que vaya mejor.
Eso no significa que me rinda, ni con la universidad, ni con el periodismo, sino que ahora no puedo luchar contra esta universidad.
Intentaré aprobar todas las que pueda, lo prometo, pero no soportaré tres años más igual que este, igual que el anterior.
Mi vida no es un teatro y yo un espectador que se ríe. Es mi vida, y yo no soy una actriz del reparto.

Ch.

martes, 26 de marzo de 2013

Edahi.

Él andaba por la calle, su piel morena hindú le recordaba al calor de su ciudad cuando se miraba la manos. Estaba absorto en su familia, en que debía hacer que se sintieran orgullosos.
A metros de él estaba ella, blanca como la nieve a pesar de su ascendencia latina, con sus ojos castaños, de esas miradas que desnudan el alma, pero triste, a pesar de la aparente calma de su cara.
Se acercaban, él miraba a ese punto en el horizonte llamado nada. Ella se fijó en él, en su aire ausente, y recordó a Neruda: 


Me gustas cuando callas porque estas como ausente, 
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. 
Parece que los ojos se te hubieran volado 
y parece que un beso te cerrara la boca.


Como todas las cosas estan llenas de mi alma 
emerges de las cosas, llena del alma mia. 
Mariposa de sueno, te pareces a mi alma, 
y te pareces a la palabra melancolia.


Me gustas cuando callas y estas como distante. 
Y estas como quejandote, mariposa en arrullo. 
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: 
dejame que me calle con el silencio tuyo.


Dejame que te hable tambien con tu silencio 
claro como una lampara, simple como un anillo. 
Eres como la noche, callada y constelada. 
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.


Me gustas cuando callas porque estas como ausente. 
Distante y dolorosa como si hubieras muerto. 
Una palabra entonces, una sonrisa bastan. 
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Sus miradas se cruzaron, y se enamoraron por momentos.
Nunca jamás volvieron a verse. Ella pensó que se enamoraba cada día unas 3 veces al menos de gente que no conocía, y contemplaba el amor como un estado de conocer al otro, de saber sus detalles, y luego, cuando no hubiese sorpresas, despedirse como quien termina un libro, queriendo empezar otro pero con un buen recuerdo y una sonrisa.

Ch.

jueves, 14 de marzo de 2013

Desde lo salvaje.


No dejes que nadie te diga que eres imbécil por suspender.
Eres fantástico por el hecho de ser tu mismo, simplemente es un problema social que dice que si no te amoldas, no eres nadie.
La universidad es una mentira más, y aquí estoy, denunciando lo que posiblemente me dé de comer.
Estoy entrando en un mundo, le mejor que pueda, del que no puedo hablar, del que no tengo perspectiva.
Igual sí es una de las mejores épocas de tu vida, porque, en teoría, estás haciendo lo que quieres.
Pero, ¿y si esto no es lo que quieres? Y si quieres vivir en una montaña, sin teléfono, sin internet, sin mierdas de la modernidad, ¿qué? Yo no le veo nada de malo. Beatus ille. Los antiguos ya lo dijeron. Es la misma realidad solo que ha cambiado el escenario.
Que un gilipollas te diga que si fracasas en la escuela no quiere pepinillos en su BigMac no significa nada. Significa que no estás hecho para esto. Solo necesitas encontrar tu camino.
Los cortes de tus brazos al principio dolían, ¿verdad? Pero preferías ese dolor para olvidar el que te hacía hacértelos.
¿Sabes qué? Un muy alto porcentaje de gente que entra en urgencias en Reino Unido es por "self-harm". Y ese sitio parecía mejor que España.
Te sientes mal con tu cuerpo porque muchos retrasados que no entienden de belleza te dicen que tienes que ser más delgada. Té verde, mucho té verde y nada más en días. Ayunos, cortes, espejos, voces que te dicen "No comas".
El crack es una buena forma de adelgazar, o eso dicen.
En cuanto empiezas a ver realidades, quieres saber más, empatizas, sientes. Tienes miedo pero sigues mirando.
Niño, estamos en una sociedad enferma. Y esto es lo único que tenemos.
Algunos se dan cuenta, otros no.
El Nega dijo "Ella se cree libre, yo oprimido". No somos libres, solo vemos más o menos los barrotes.
Creo que la gente que tiene mucho dinero vive en su realidad pintada de rosa, por eso se relacionan con gente que calla, que jamás denunciaría nada, quizás porque no tienen qué denunciar.
Y en cambio, otros, muchos, algunos, se dan cuenta de distintas realidades. No dejan de mirar, de aprender, de entender distintos mundos, distintas personas.
Se tiran en la cama sintiendo el dolor del mundo. Esos que ven una parte de la crueldad humana, son los que están "enfermos", los que son "raros", los que tienen que aprender a callarse. Los que luchan por un mundo mejor.
Está claro que la sociedad necesita un cambio, y los cambios cuestan, se tiene que luchar por ellos.
Mi libertad y la tuya están en juego. Tú votas, tú obedeces, o tú luchas.

Take away my anxiety.

Lord, please, please, please.


martes, 26 de febrero de 2013

M. Ella.

Bueno, pues hoy es el cumple de mi hermana, y como no puedo estar con ella, pues intento felicitarle de alguna forma no tan convencional como un "Felicidades, pequeña" en tuenti, aunque sí en twitter (vicios, que son malos).
Quiero hablar un poquito de ella.
Esta personita fea (mentira, es guapa, la jodía) ha cumplido hoy 17 años. Sigue siento pequeña, pero porque yo soy ligeramente mayor que ella (con amor).
Hemos hecho mucho el retrasado juntas, 

nos hemos cabreado mucho la una con la otra, pero bueno, una vida, ya tu sabeh, es complicado llevarse bien en todo momento, pero ahí seguimos.
Aún no le he llamado (no me sé su horario, por eso no quiero llamarla en clase), pero bueno, esta noche, cuando estén todos en casa, llamaré.
No le he comprado nada, así que me esperan muchas tiendas por ver y decidir qué comprarle, aunque tengo una idea, ligera idea, y si la cumplo, me va a arruinar, pero por ella, todo vale. :) Miradla, si simplemente por la cara que tiene se merece mucho
Y eso, que a base de golpes la gente sonríe más y se hace más fuerte, y la belleza está en el interior y etc. Vamos, que a parte de una cabeza que podrías decir "Vamos a follarte todas las neuronas", es mona.
Y estas cosas se me dan mal, así que simplemente terminar con que la quiero mucho y ya nos veremos, pequeño bicho hoy ascendido a personita. < 3

Feliz cumpleaños.

viernes, 15 de febrero de 2013

Meow.


I.                Me llamo ese. 
II.                Tengo 19 años.
III.                No tengo ni idea de por qué hago esto.
IV.                Sí lo sé, lo que no sé es quién soy o qué hago con mi vida.
V.                No me gusta este sitio.
VI.                Estoy muriendo poco a poco.
VII.                Noto que mi cabeza va a peor.
VIII.                Me doy cuenta de muchas cosas.
IX.                Viviría mejor sin saberlas.
X.                Llevo sin comer más de 24 horas.
XI.                Llevo sin dormir bien más de dos meses.
XII.                He hecho cosas horribles, pero que al final resulta que es mejor para la otra persona.
XIII.                Me he hecho daño a mí misma para que el resto esté bien.
XIV.                Tengo más amigos que amigas.
XV.                Las personas me aburren muy rápido porque las entiendo demasiado y ellos a mí no.
XVI.                No voy de incomprendida por la vida. Es algo que es así.
XVII.                No me gusta repetirme.
XVIII.                Me gusta hacer fotos, pero no a gente, sino a cosas.
XIX.                Llevo siempre encima algo donde escribir.
XX.                No soy capaz de tener ningún tipo de relación con nadie, por mucho que lo intente, me agobio y escapo de formas que asustan.
XXI.                Tengo en replay la canción de Bebe, Siempre me quedará.
XXII.                Me da mucho asco la gente que no sabe valerse por sí misma, digo la gente que puede, pero que es tan imbécil que necesita una madre detrás que le solucione todos los problemas.
XXIII.                Nadie entiende los motivos de por qué hago cosas horribles.
XXIV.                Hace mucho que estoy sola a diario, con frío en mi cuarto.
XXV.                Tengo muchos libros por leer.
XXVI.                Estoy enamorada de las letras, del té de lo que sea con vainilla, de las velas de vainilla, del ambientador de coco, de mi peluche de Piglet, de mis papeles y de mis libros.
XXVII.                Creo que mi cuarto de Pamplona es precioso aunque sea pequeño y la silla incómoda.
XXVIII.                Hace poco leí un PDF. Un párrafo me hizo llorar como una cría en el tren, con dos tíos muy fumados al lado riéndose.
XXIX.                Se puede llorar por dentro y no derramar ni una sola lágrima.
XXX.                Todo lo que escribo en este blog tiene que ver conmigo, Charlotte no es más que mi vida con un poco de poesía.
XXXI.                Me gusta un chico llamado D., pero no saldría con él, ni con nadie.
XXXII.                No me gustan las cursiladas, pero a ratos necesito mucho cariño, muchos abrazos.
XXXIII.                Me derrumbo demasiadas veces al día y nadie se da cuenta.
XXXIV.                Pegaría a todos los que me están preguntando todo el rato qué me pasa.
XXXV.                Me alegro de que el papa haya dimitido.
XXXVI.                Mis filósofos favoritos son Wittgenstein y Platón.
XXXVII.                Cuando fui a Barcelona conocí a un chico, M., estuve hablando con él mucho tiempo. Echo de menos esa terraza.
XXXVIII.                Añoro demasiado hablar con P. Los mails del principio.
XXXIX.                Tengo muchos libros.
XL.                No he releído en mi vida más que dos, El nido de los sueños, de Rosa Montero, y El arte de perder, de Lola Beccaria.
XLI.                No me he leído Harry Potter porque en esa época de mi vida no me gustaba leer.
XLII.                Me enganché a la lectura con Memorias de Idhún.
XLIII.                Echo de menos a I.
XLIV.                Nunca me dejo llevar por lo que dicen los demás, si a mí no me ha hecho nada, no voy a hacer caso de alguien que me diga que lo hará.
XLV.                Me gusta jugar al League of Legends por la gente.
XLVI.                Odio ir a Madrid, pero la última vez que fui, me quedé con ganas de volver a ver a A. y a J.
XLVII.                Tengo ganas de que se vengan J. y sus amigos, y A., E., C., Ó. e igual C. a Vitoria. Ojalá se viniesen R. y el otro J.
XLVIII.                Las conversaciones más interesantes que he tenido en mi vida han sido con A., P. y R.
XLIX.                Me gusta mucho el fuego.
L.                Me quemo con el agua caliente porque así siento que mi piel no ha muerto, que sigo viva.
LI.                Me he quedado pensando por qué número iba. No me acordaba de los números romanos.
LII.                Me gusta el latín, pero no me gusta que me obliguen a traducir textos y tampoco a estudiarlos de memoria.
LIII.                No me gusta que me obliguen a hacer nada.
LIV.                Si no quiero hacer algo en ese momento, no lo haré.
LV.                La única autoridad que tiene algo de valor para mí son mi madre y mi padre.
LVI.                No tengo casi hambre, solo quiero té con leche, una película y galletas.
LVII.                No veo una película porque me gusta verlas con gente, con una persona, que sepa estar calladx.
LVIII.                Estoy haciendo un panda de origami. Sé hace los triangulitos, tengo unos cuantos, y ya no sé seguir.
LIX.                Me gusta bailar.
LX.                Quiero aprender a bailar tango, pero lo veo complicado porque no sé dejarme llevar y no tengo pareja.
LXI.                Soy muy especial para escribir, necesito un determinado papel y determinados bolígrafos y voy girando el bolígrafo en la mano mientras escribo, porque sino me hace daño.
LXII.                Me gusta oler bien. Me ducho todos los días con un gel de vainilla.
LXIII.                El agua con la que me ducho tiene mucha cal y el pelo se me ensucia con mucha facilidad y se me estropea muy rápido, pero huele bien.
LXIV.                No salgo fuera sin estar maquillada, no naranja, sino la raya negra de los ojos.
LXV.                No me gustan los espejos.
LXVI.                Me gustan las camisetas de Superman, M. llevaba una el día que le conocí.
LXVII.                Volvería a Barcelona con I. todos los años.
LXVIII.                Viajaría con ella a cualquier parte del mundo, porque sé que voy a estar bien allí donde esté.
LXIX.                Me gusta viajar.
LXX.                Me gustaría irme con A. de viaje a algún sitio un fin de semana por lo menos.
LXXI.                Estoy impaciente por ir a Zaragoza. Estuve demasiado bien la última vez.