Creemos en nosotros,
aquí nadie reza.

domingo, 27 de agosto de 2017

Whatever.

Él estaba ahí, esperando. Se puso de pie para hacer algo mientras. Estaba solo, todo lo solo que se está cuando se espera a quien no llega. 
Empezó a dar vueltas, jugando con sus piernas. Había un bordillo que servía casi de asiento y saltó encima, con las dos piernas pegadas. Luego, saltó hacia atrás sabiendo que habría un suelo que le recogería, no muy lejos del principio. En esas décimas de segundo, le dio tiempo a pensar qué pasaría si no había suelo bajo sus pies. Y si caía hasta el infinito sin poder ver qué había debajo nunca porque había saltado hacia atrás. Y si solo veía los colores degradarse hasta llegar a la nada.
En verdad, así era su relación. Una constante caída hacia atrás esperando que ella le recogiese, le sirviese de apoyo. Pero ella nunca estaba porque estaba demasiado ocupada con su vida. Y lo entendía, no quería ser un estorbo, pero él también tenía necesidades.
Ese fue el momento en que decidió dejarla.
Y ese también fue el momento en que tocó el suelo con sus pies. Y ella estaba ahí, sonriendo, para cogerle cuando se tropezó.
Seguían sin poder estar juntos. Su relación no podía seguir siendo una caída a ciegas con algunas ramas a las que agarrarse de vez en cuando.

domingo, 9 de abril de 2017

Zero.

No tengo muy claro cómo empezar a escribir esto, la verdad, porque es algo que me he dado cuenta y que no consigo entender completamente.
Viene de todos estos movimientos del minimalismo, zero waste, y demás. Admito que no sería capaz de ser minimalista, porque no podría (y tampoco quiero) vivir sin mis libros. Consentiría que estos fueran de papel reciclado, o cualquier otra forma de hacer libros de una manera más sostenible o consciente, por supuesto.
Por otra parte, el zero waste trata de reducir la basura que generamos. Observando distintos hábitos de consumo he visto que la gente coge bolsas de plástico para todo, y son del todo innecesarias y están causando un grave daño al entorno. Solo con pensar que la basura que ya he producido en estos años de vida me supera tanto espacial como temporalmente me hace tener escalofríos.
Unos ejemplos de gente que utiliza bolsas para cosas innecesarias es cuando vas a un supermercado, compras una sola cosa y pides una bolsa, lo cual me parece ridículo, porque ya tienes que llevarlo en la mano, sea una bolsa que cuelga o lo que sea que hayas comprado. Otra cosa que no es necesaria es la de bolsas que se utilizan para frutas y verduras, una bolsa para cada variedad que quieras comprar, para luego volver a meterlo en otra bolsa. No es ni siquiera más higiénico meterlo en 2 bolsas, ni más cómodo, porque, de todas formas, irá en otra bolsa.
Entiendo que haya muchísima desinformación al respecto, pero he visto hasta resistencia a ello. De gente que me pregunta, o amigos que pretenden exhortarme a meter las verduras y la fruta en bolsas "para que sea más cómodo". Y no lo es. En sí, me resulta mucho más incómodo tener que meter todo en bolsas de plástico, porque tener en mente la montaña de basura no reciclable a la que contribuyo con un gesto que ni siquiera me aporta nada a mi vida me hace estar profundamente incómoda conmigo misma.
No digo ya cambiarte a champús en barra, sin ningún tipo de envoltorio, o hacer tu propia pasta de dientes, sino cositas pequeñas, como evitar las bolsas de la compra llevando las tuyas propias. No haciendo un uso desmesurado, desinformado e irresponsable de ello. Al menos como comienzo. Es un gesto terriblemente pequeño para algo que puede llevar a una gran diferencia.
Y no entiendo en absoluto la resistencia a ello. Entiendo la desinformación, pero no la persistencia en hábitos como esto de manera consciente.

martes, 14 de marzo de 2017

Nº20.

Él está sentado allí, a un mundo de distancia, con un café sin azúcar. Tan café como su piel tensada, sonriente.
Su pelo se revuelve mientras habla. Su barba queda intacta, aún a esos centímetros de distancia que quiero, necesito saltar, tocar.
Pero mira a otra en ese espejo que nos separa.
Pero quiere a otra en ese espejo que nos separa.
Sus astros tiritan como sus rodillas aquella noche, en que el mundo era el momento y el frío quedaba fuera. Aunque el frío siempre estuvo fuera y lo que se interpuso fue el mundo.
Pero cómo no haber amado sus grandes ojos que me evitaban. Quizás escondiese en su tacto lo mismo que en los confines de sus océanos.

A veces, a recuerdos, nos quisimos. Y mi alma no se contenta con haberlo perdido.

domingo, 12 de marzo de 2017

Monogamia.

Paúl, nunca te confesé que el cuento que quisiste poner como falso testimonio en tu revista tenía como protagonista a un niño con tu nombre. Lo escribí antes de conocerte, pero le cambié el nombre por ti.
Muchas cosas de mi vida giraron y giran en torno a ti, a ideas que me diste. Eres una especie de presencia idílica, idealizada. Has dejado de ser tú para ser una inspiración.
Cuando fuiste tan real que podía rozarte, aprendí a escucharte, a un ritmo de pensamiento rápido pero de acción lenta. Me marcó en alguno de tus mensajes el saber que querías a más de una. Lejos de ponerme celosa, encendiste en mí una posibilidad.
David consiguió que esa posibilidad existiese. Quizás no es el mejor ejemplo de relación, pero me sentía cómoda, segura a pesar de que no hubiera ningún nombre que custodiase los límites.
Ambos estáis con otras y me da igual, no porque haya dejado de quereros, sino que quedo en un segundo plano sin ningún tipo de molestia. Quizás deje de existir en vuestras vidas, pero da igual. Significó que en algún momento conectamos y que por distintas circunstancias ya no.
Aún así, me hace pensar en cuán distintos sois entre vosotros y cuán parecidos. En cuánto os parecéis y diferencias de Abraham. En qué poco se parecen las relaciones que he tenido.
En qué me aportaba cada una. Y en qué no.
En realidad todo esto, querido aire, viene porque sigo pensando en relaciones. Así, a secas. No soy capaz de entender la monogamia, y solo la acepto obligada. No me parece bonita la idea de envejecer solo habiendo estado con una persona, con haber cerrado puertas a gente que podía aportarme algo que en mi estabilidad no existía.
También pienso en qué diferencia una relación monogámica y una amistad. ¿El sexo? El maldito nivel de conexión que tuve con Sergio es mayor que el que he tenido con Eder, con Iker, con el otro Sergio. Y fue la obligación, la responsabilidad exagerada la que me repelía hasta puntos insospechados.
No entiendo por qué se limita a alguien que quieres. Esa frase de "si lo quieres, déjalo libre" implica que no haya límites. Que los celos sean una plaga por las inseguridades que crean los medios de comunicación no implican que sea imposible dejar libre a alguien.
Joder, es que qué coño pasa con la comunicación. Si fueramos capaces de hablar, de decir cómo coño nos sentimos y que la otra persona hiciera lo mismo se podría llegar a un punto medio donde los dos se sintieran cómodos. Pero nada, mejor poner cadenas de castidad y castigos si se saltan.
De todas formas, me hace gracia, mientras no me tire a nadie, puedo enamorarme de quien coño quiera de una forma mucho más profunda que teniendo sexo con otras, pero mi pareja será con quien me acueste. Es del todo ridículo.
Pero volvemos a los miedos e inseguridades, a poner collares bien prietos para que no escapen y si escapan, mejor que no vuelvan. Como perros y amos siendo perros y amos a la vez. Es del todo humillante cualquier relación monogámica pero parece ser lo convencional, lo establecido. Y aunque me sienta humillada, limitada, debo joderme y entrar en su juego porque sino estaré sola el resto de mi vida. Debo olvidarme de cualquier infinitud, de la plenitud y jugar a que no tengo ojos, ni inteligencia. Olvidarme de que lo que me de una persona no será todo lo que necesito y conformarme porque sí, porque ellos mandan en todas nuestras cabezas.

miércoles, 25 de enero de 2017

Porque a mí me faltan.

¿Hay alguien ahí?

Hola, aire. Debería ponerte un nombre mejor, que te personifique en mi egoísmo. En mi antropocentrismo. Que no te haga algo flotando, sino que de verdad seas escuchante de todo esto. 
Porque sino estoy muy sola.
¿Sabes el vacío cuando se expande y esperar que en algún punto quiebre? Cuando ya se ha estirado tanto que no parece que pueda estirarse más.
Quizás no, pero no importa. Porque tú lo llenas todo.
He llegado a puntos absurdos de... Yo qué sé, algo. Igual si te lo explico todo sepas encontrar una palabra.
No sé por qué decidí meterme a teatro. Es gracioso cómo empecé de ayudante de dirección y fui siendo degradada a apuntadora. A susurradora. Pero qué más da, ya asumo mi invisibilidad, y parece que se le puede sacar partido. 
La primera decepción vino cuando el director, R., me ofreció hacer otra obra corta conmigo. Me hacía ilusión actuar, de verdad quería intentarlo. Pero otra vez se me denegó esto. Al final del ensayo le dijo a otra chica si quería hacer esa obra con él. Como si yo no existiera. Llevaba un día horrible, y eso me hundió. Agradecí que fuera de noche para que no me viesen llorar. Me sentí insignificante, pequeña. Solo pensaba en él, joder. Porque esa maldita letra es la misma que la mía. La S que eternamente está en mi cabeza.
Pero seguí, no sé por qué.
Se estrenan las obras este jueves. Es también el cumpleaños de mi padre. Quería que vinieran a ver las obras para así... No lo sé, que salieran de su rutina, que vieran que he hecho algo. Que intento merecer la pena de todas las formas que puedo. Pero su desidia puede más, o su agobio por irse a Madrid al día siguiente.
Joder, vivo a una puta hora de distancia. No llega a eso yendo medio rápido. Y no vienen. Me vuelvo a sentir insignificante. Invisible. Y sola.
Ya era triste no tener a nadie con quien quedar para hablar. Pero conseguí que me fuera suficiente solo hablar con alguien en la distancia. Pero ahora ni eso. No puedo llamar a nadie para estar viendo algo, o hablando, o jugando. O simplemente estando.
Parece que es así, pero no solo le echo de menos en los malos momentos, sino en los buenos también. Pienso en cómo estará. En si algún día me perdonará. Supongo que eso es lo que más me pesa, que sé que nunca tendré su perdón. Igual ya ha conseguido odiarme, y me alegraría de que así fuera.

Paro ya con este sinsentido. Solo necesitaba sacarlo.
¿Encontraste la palabra?