Creemos en nosotros,
aquí nadie reza.

jueves, 30 de diciembre de 2010

miércoles, 29 de diciembre de 2010

.

Son tan fuertes mis latidos que el sonido de mi voz no se escucha cuando a gritos pide que me haga mayor.

martes, 28 de diciembre de 2010

Insuficiente.

Aii mi nena borde (L)

Literalmente copiado de una conversación que tuve ayer.
Me llamó muchísimo la atención, de facto, siempre me han llamado la atención los posesivos.
Me estuve preguntando ayer a las tres y media de la madrugada, mientras leía Luces de bohemia, si realmente se puede poseer algo. Si realmente el precio que pagamos será el adecuado para alguien que morirá en unos cuantos años, y en cambio, esas letras son para siempre (jódete, Sócrates).
También me llaman la atención los adverbios de tiempo, y ahora especialmente.
Gracias a una conversación con A. (cómo las echo de menos…), pude plantearme qué es el tiempo, y qué significado pueden tener el siempre y el nunca. El siempre indica que es algo completamente normal, pero, ¿qué es la normalidad? Dicen que lo que hace todo el mundo. Subnormal, lo que está debajo de lo normal, ¿cómo se puede estar debajo de algo que no está completamente claro qué es?
No sé si me explico bien y si alguien conseguirá llegar a donde quiero llegar. Siendo la normalidad algo subjetivo, que lo es, al igual que todos los términos abstractos, nosotros tomamos como definición de esta que lo normal es la rutina, y con ello, nuestra rutina (posesivos, siempre rondando). Entonces, yo, para mí, soy normal, pero para el de al lado puedo ser el bicho más raro del mundo. Él/ella, me considerará anormal, es decir, sin normalidad. Lo curioso es que yo puedo ser anormal haciendo lo mismo que hace el que me juzga. Supongo que ahí falla algo, y ese algo son las épocas, las modas, las tribus urbanas a las que pertenezcamos, o en las que quieran etiquetarnos.
Uhm. Yo odio etiquetarme (yo, yo y yo). Mi razonamiento es que siendo tan cadente el lenguaje y faltando palabras para definir todo, aunque sea una mesa marrón completamente normal, nos faltan palabras que incluso conocemos como textura, materiales, etc. Me refiero a que cómo se va a describir a una persona con una sola palabra que ni la mitad de personas que viven en la tierra conocen con exactitud todo lo que esa palabra conlleva. Y ahí entran todas esas chorradas que dice la gente de que todos somos iguales, blablablá. Vale, ¿iguales ante qué? Ante la ley, únicamente y bajo mi criterio, que está completamente sujeto a error.
Espero que alguien sea capaz de seguir lo que digo, sino me rendiré y me dedicaré a contarle cuentos a mi primito, a leer y a estudiar, haciendo exactamente lo que se espera de mí.
Me siento algo tonta, como si me quedase en las cosas más pequeñas, detalles que forman un todo, pero sin darme cuenta de ese todo. Esforzándome por juntar piecitas sin mirar un modelo teniéndolo delante. No sé qué considerarme, la verdad, como he dicho antes, nada conseguirá describirme.
Uhm. También me he dado cuenta, o mejor dicho, he reafirmado que para mucha gente soy invisible. Me miran pero me traspasan, como si no existiese. Hace años unos amigos me dijeron que era como un fantasma, que muchas veces no se acordaban de que estaba allí, y esto me hace pensar en una persona, un compañero, C., no habla casi nunca, es el típico tío que quiere hacerse el malo pero que en realidad es un cacho de pan. Yo lo vi en la cara el primer día de clase. Me hizo gracia, su forma de vestir desentona con él y a la vez no. Es como si no le pegase vestir así, pero tampoco ningún otro estilo. Supongo que me habré acostumbrado a él. Total, que no habla nunca y no pasa inadvertido, aunque es cierto que en mi clase, nadie. Son casi todas unas arpías sin vida propia que no dejan de hablar de los demás. Aunque es cierto que por primera vez en mis muchos años de estudiando, los tíos ponen más a parir que las tías.
En fin. Tengo muchísimo sueño, lo mejor que puedo hacer ahora mismo es dormir, por la noche estudiar y intentar alejarme del puto vicio que me han creado mis dos freaks favoritas.




Todo roto para ti.
Todo o nada. Despierto de repente.

Un beso.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Outlet.

Estoy congenadísima. Hace muchísimo frío en la calle, y me encanta.
He sido feliz por momentos saltando por la calle abarrotadísima con C. cogida del brazo y sintiendo las miradas de la gente que acusaban envidia. Me he sentido libre, como si pudiera volar.
Pero después he vuelto a caer.
Toma. Depresión.
Me estoy replanteando el salir en noche vieja. No pinto nada en el casco. Odio beber. Odio ver a todos borrachos. Odio que se me acerque cualquiera y me diga si quiero liarme con él. Odio que me odie al decirle que no. Me encantaría darle una ostia a todo el mundo, y preguntar qué pasa con todos.
No quiero encontrarme con las putas idiotas de mi clase. Quiero ir a mis queridos bares heavys, estar ahí de buen rollo. Sentarme en el suelo y ponerme a jugar a palmas si me da la puta gana y que nadie me mire mal. Que venga cualquier conocido a saludar, en plan “me uno a vuestra acampada” y estemos ahí descojonándonos, diciendo cualquier chorrada y a la vez diciendo cosas con sentido.
Echo de menos a D., y me odio por eso. Le he mandado a la mierda definitivamente, y no me arrepiento de haberlo hecho, sé que es un cabrón, asquerosamente moldeable y sin casi personalidad. Pero aún así, me gustaba. Era guay estar con él tomando un café, sin hablar, simplemente estando, disfrutando del aire.
No puedo hacerlo con nadie más. Es triste, lo sé.
A veces me pregunto si viviré en el país de nunca jamás y yo estoy destinada a ser un pirata, y crecer.
Yo quiero ser una niña perdida. La primera.
Quiero ser Wendy.
Quiero que Peter Pan llegue a mi ventana. Quiero contarles cuentos a mis hermanos. Quiero tener imaginación y que alguien la disfrute.
Quiero aprender a tocar la guitarra, el violín, el cello y el piano.
Quiero sentirme bien haciendo algo.
Quiero dejar de aprender euskera. Quiero que se pudra el puto diccionario de vasco. Quiero quemarlo.

He estado releyendo la entrada que le gustó a S., en mi otro blog (Para-lelos.), y me ha parecido una ida de olla impresionante, de esos momentos en los que lo único que haces es algo nervioso, en el que rompes el teclado por escribir tan rápido y tan fuerte.

Me arden los dedos.

-          ¿Qué desea usted?
-          Algo dulce, ¿qué tiene?
-          Tenemos unas palabras preciosas para usted.
-          Eso tomaré.
Sentido: cero. Pero no importa.
Me entra el humo en los ojos, huelo a una mezcla entre tabaco e incienso, además de mi colonia.
Oigo lo que pienso y de fondo a Eths entonando Entends tu les pas.
Quiero quemar cosas. Papeles, sobretodo.
Quiero enviar la carta a A. de una vez, vale, la escribí ayer y la última suya le recibí a principios de verano, soy así de vaga. Quiero que me conteste y volver a hablarme con ella como antes. Soltar todas las paridas que soltábamos tanto en el metro, después msn, tuenti y por último y muy fugazmente, en el blog.
Ahora mismo me apetece besar a alguien, o abrazarlo, simplemente, porque sí, no a cualquiera, pero si por cualquier motivo.

Incapacidades crónicas.


Simplemente eso.

Quiero la verdad y la veo inalcanzable.
Viva mi optimismo.


Ya no entiendo nada. No me doy por vencido

nunca.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Pour il.

Incienso.
Fuego.
Alguien tirada en el suelo.
Libros.
¿Sueños? Quizás, pero  no creo.
Eso que se esconde es una lágrima.
Eso que se esconde en la comisura de los labios es el recuerdo.
Llorar y llorar por él.
¿Para qué?
Coger palabras de los demás para componer la mejor melodía que existe.
Coger y recoger pedacitos esparcidos del alma.
Palabras y contra-palabras que se unen formando la nada.
Explotan y vuelven a explotar en el interior.
No hay frases, no hay páginas capaces de decir lo que quiero.
Jamás.
Haré que el hielo se evapore. No quiero más agua.
Tic. Tac. El tiempo se ha quedado atascado en un segundo que no para.
Retumba dentro de todo. Retumba en la nada.
¿Seguro?
No.
Yo tampoco.
Soñando con palabras. Soñando con silencios.
Soñando. Simplemente eso.
Sosteniendo los hilos de tu conciencia, o por lo menos intentándolo.
Te sabes olvidado y luchas.
Quieres más.
Quieres su aliento. Robárselo.
Volver a aquella noche en la que lo tuviste tan cerca…
En la que todo se consumió como una vela.

Te cortó las alas. Te hirió de muerte y aquí sigues, llorando tu suerte.



Existes, luego mueres.

Coco. Shine. Charleston butterfly.

Walking through dark streets,
the cold is looking for some way to stroke my skin.
My body is shaking, my knees are weak,
intense emotions overflowing me…

I try to find myself, I try to move on,
don’t know where I am, please carry me home…
I try to find myself,
I try to move on, don’t know where I am,
please carry me home…

But I tell you what’s inside of me will never die, will never die…

I try to find myself, I try to move on,
don’t know where I am, please carry me home…
When our souls were introduced
No one of us could ever know
What we will be going through
Feeling high, feeling low

Been in hell, been above
Cried for help, cried for love
And when darkness sleeps beside you
And the morning is far away
I wanna hold your hand and guide you

Out of hell, out of darkness
Finally we´re able to see
See the beauty not the beasts
One step further up at least
But one day

We will shine, we will shine
We will fly so high
We will shine, we will shine
We will fly so high
High
As I killed the caterpiller
Fell into a curious thriller
could not become a butterfly...

As I killed the caterpiller
I started to end my life
Fell into a curious thriller
Could not become a butterfly

To choose you now into my life
Wanna be your butterfly

Smile, smile, smile at me
hold me tight and I feel free
Smile, smile, smile at me
hold me tight and I feel free

To choose you now into my life
Wanna be your butterfly

Smile at me
and I feel free
to choose you now into my life
wanna be your butterfly

Smile at me
and I feel free
to choose you now into my life
wanna be your butterfly

Parov Stelar.

sábado, 25 de diciembre de 2010

32.

Te necesito.

(Puto aire)

jueves, 23 de diciembre de 2010

Ez dago irtenbide magikorik.


Hoy no tengo nada especial que escribir, y con especial me refiero a que busco que exprese algún tipo de sentimiento (obsesión podría considerarse como uno), sino decir algo sin importarme la estética.
Empiezan las fiestas, otro año más. Y me parece de putísima madre que la gente salga a la calle, que parezca que tiene vida la ciudad, que todo huela a tierra mojada y que no haya colegio (soy una cría y voy a con colegio, sí), pero me jode muchísimo lo hipócritas que son estas fiestas.
Primero me jode el materialismo de la gente, y es que desde niños nos han educado así, en una sociedad completamente capitalista en la que por estas fechas todos, de enanos, pedíamos muchísimos juguetes, y nos hacía muchísima ilusión. Venía Santa Claus o el Olentzero, aquí, y estabas feliz con todas esas cosas, que además, por lo menos en mi casa (y sigo sin entender cómo cojones lo hacen, ni siquiera ahora que ayudo lo entiendo), se hace con un sigilo de la ostia, y es imposible enterarse, de repente, alguien (o algo) hace sonar una campana y los más pequeños suelen ir a mirar, y yo entre ellos porque adoro ver sus caras, es el mejor regalo que me podrían hacer, ver ilusión en alguien. Y me voy, como siempre. Total, que no sé si es por el ansia de tener más y más bienes materiales o simplemente por tener cosas con las que jugar, que en cierto modo, siendo pequeñines, nos entreteníamos hasta con una piedra, o buscando una hoja, o cosas así (lo hacía, y en primero de la eso saltaba a la comba), y ahora soy “feliz” con ver la cara de mi primo al ver que le han regalado un libro de animales, y que va a poder aprender.
Adoro a mi primito, es guapísimo y encima le encanta leer. Es el único al que le compro libros a parte de a mí (ahí, fomentando la lectura).
Vale, y aparte de esto, que es la parte de la familia con la que celebro las cosas, estoy a gusto, todo es perfecto, pero la otra parte… Ya lo siento, es mi familia, blablablá, pero no los aguanto. Son tan pijos, tan educados, dan la sensación de ser tan perfectos que dan asco. No parece natural. Es una farsa  tras otra, y yo estoy metida de lleno. Odio la puta sopa de mariscos que prepara, odio el cordero, odio el olor de las velas que ponen, odio que vistan al niño de marcas para un adulto que vive en una casa de unos millones en Miami Beach o en L.A., odio que tenga que parecer subnormal y hacer como que no me doy cuenta de lo que pasa, odio que me regalen ropa horrible y digan es de última moda (sí, en tu pueblo y para un tío, porque las sudaderas que me regalan no se las cosas que me regalan, por muy negras que sean, son feas de cojones), y sobre todo, odio tener que decir que me encanta todo, que la comida estaba estupenda cuando lo único en lo que pienso es en tirarle la sopa en la cara y gritarle a la cara que por mucho que sea, a mí no me da miedo y lo que sí me da es asco.
En fin, se ve que no me llevo demasiado bien con ellos.

También quería comentar lo de las reuniones de antiguos alumnos, pero en plan de primaria y tal, hoy ha habido una de 6 de primaria, para recordar a una compañera y aparte de que pensaba que muchísima gente iba a llorar y he descubierto que lo han superado casi todos o simplemente les da igual todo y se han olvidado, como hice yo, sinceramente.
Ha estado bien, recordando, hablando con gente que veo todos los días en el colegio y que no saludo por los pasillos, no hablo con ellos, supongo que por el tiempo del que carecemos los dos, y hoy, último día de clase del año, he conseguido hablar y recordar a mucha gente que pasó por mi vida, y las típicas historias de la comida del comedor, las fiestas del colegio, qué hacemos ahora, nuestros planes de futuro, etc.




Sigo cayendo y no encuentro el fondo, espero poder caer más rápido.

... Y el único futuro que nos queda, enigmática señora, es el presente.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Héloïse.


Siento que me quedo roto, pero no lo suficiente.
Folie à trois.

Y sonó el despertador marcando las 7 de la mañana.
- Joder, qué pronto es.
Era un sábado de enero. Un muy frío sábado de un enero que se dilataba y contraía cada vez que ella suspiraba.
Una ráfaga sin dueño que se rendía a sus pies y le protegía del calor que ella tanto ansiaba.
Se tapó con la manta, deseando hacerse pequeña, muy pequeña para poder colarse entre sus brazos.
No lo consiguió. Deseó tener un botecito de cristal con un cartelito que pusiera:
Bébeme
Con esa caligrafía tan suya, tan de niño extraviado en el tiempo.
Pero no. No era Alicia y no podría jamás volver a ver al conejo blanco, ese que  surcaba el aire tan contaminado. Ese mismo que respiraba dulcemente mientras absorbía cada gramo de tristeza de su memoria.
Luchaba para no soñar con él. Luchaba por no recordar esa sonrisa tan perfecta, esos ojos tan brillantes que hacían competencia al sol, y que habían conseguido ganar su corazón. Esas manos acariciándola mientras le besaba lentamente, haciéndola sentir especial.
Haciéndola sentirse única por segundos.
Volvió a dormirse y soñó con él. Como todos los días.
Esta vez estaba ella en una cafetería cuando él se acercó a preguntarle qué hora era. No pudo decir nada. Él la besó, simplemente porque le apetecía. Eran dos perfectos desconocidos compartiendo un pedacito de soledad, mostrando en la intimidad lo que eran capaces de amar.
Se despertó de nuevo con sabor a él.
No podía aguantar esto. Tenía ganas de gritar al cielo que les había contemplado amarse que se muriera, que se enmudeciese para siempre. Que dejase de gritar.
Un día más, como otro cualquiera en el que solo pensaría en él, o quizás no sólo en él.
Se duchó. Se quemó la piel intentando sustituir un dolor por otro, pero no pudo.
Quizás era demasiado tiempo con él, que ahora necesitaba unos días para aceptar que ya no estaba.
Buscó un libro para leer y perderse en él, y encontró su favorito.
El arte de perder.
Lola Beccaria.
Se buscó entre las líneas, sabiendo que Sara había vivido lo mismo que ella. Sabiendo que no era la única y que otros habían conseguido salir de allí. 

S.

Ella, que todo lo tuvo.



Llevaba 365 días soñando el mismo sueño, pero esta vez no estaba ni en su cama ni en Cali. La oscura pesadilla se le había colado por la ventanilla del coche en el que viajaba a Roma con su marido y la pequeña Chiara. Aunque lucho con toda la fuerza de sus párpados para no dormirse, al final, su conciencia se había diluido en las arrugadas tinieblas del sueño.

La despertó un golpe seco, brutal, y el sonido enloquecido de un aletear rojo. En el aire, el corazón de su marido escapaba de su cuerpo. Lo atrapó con sus manos y sintió entre los dedos la tibia humedad de sus últimos latidos. Después, un dolor helado en la garganta, el Réquiem de Mozart aún aullaba en el amasijo de hierros retorcidos, aquel Confutatis a coros que tanto amaban, y ese olor a muerte chamuscada enmudeciéndola, sepultándola.


Negro, negro, negro.


No supo cuánto tiempo pasó. El ulular de la sirena reventaba sus tímpanos. Trató de levantar los brazos pero eran dos hierros inertes. Sentía cristales pulverizados entre los dientes. Oía voces lejanas dando órdenes. Quiso abrir los ojos, pero sus párpados habías quedado sellados por una cortina negra, viscosa y compacta. De repente lo recordó todo, la noche cerrada, aquella niebla helada que no le dejaba ver, el vidrio empañado, la maldita somnolencia que la dominaba, y un vacío intenso ocupó su abdomen: CHIARA, ¿dónde estaba su pequeña? Trató de llamarla pero su voz se había astillado. Y él, ¿dónde estaba Marco?


Negro, negro, negro.


La luz sobre su iris. De nuevo la conciencia y el dolor absoluto.

-      Bienvenida a la vida, señora – le dijo un rostro desconocido.

Chiara, Marco, necesitaba preguntar por ellos. Sus labios trataron de pronunciar sus nombres.

-      Doctor – dijo el enfermero -, creo que la paciente quiere decirnos algo.

-      No hemos podido contactar con ningún familiar. ¿Quiere que avisemos a alguien?

El médico acercó su oreja a los labios de Ella y oyó unas sílabas ininteligibles.

-      Tranquilícese – Al ver la imagen desesperada de la paciente, acarició sus cabellos-. Seguro que podrá decirnos lo que quiere.

Los ojos delirantes de Ella buscaban asirse con urgencia a las palabras.

-      Lleva una semana entre nosotros y no hemos encontrado ningún documento que la identifique. El coche se incendió, se ha salvado de milagro.

-      …mi ni-ña… - susurró Ella.

El médico volvió a inclinarse. Ahora la voz de la paciente se oyó con nitidez.

-      ¿Cómo está mi niña?

-      ¿Usted viajaba con alguien?

-      ¿Y mi marido? Dígame cómo están ellos.

-      Señora, no había nadie más. Cuando la encontraron, estaba usted sola.


Negro, negro, negro.




... Así pues, el único fututo que nos queda, enigmática señora, es el presente.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Acumulando desvelos.


Llevo varios días sin dormir, no sé si por el frío que hace, porque pienso demasiado en demasiadas cosas o porque de verdad no necesito dormir (algo ridículo, ya que de día me muero de sueño).
Hoy me siento un tanto estúpida, como desgarrada por dentro por algo parecido a un rayo, pero frío, tanto que quema.
Dentro de poco navidad, genial. Días para hacerse la hipócrita, para tener que sonreír ante toda tu familia a pesar de que te estás muriendo por dentro.
Aparentar una armonía familiar idílica que no existe en ninguna, pero vivimos, aún, para los demás y somos esclavos del qué dirán hasta dentro de nuestra familia. Se supone que ha de ser gente en la que puedas confiar, es decir, un ambiente en el que todo pueda salir mal y poder decir abiertamente que no quieres ir a Madrid, que te parece una cabronada muy grande lo que hacen con él y que me da asco esa casa vieja. Pero no se puede, es la familia.
Hoy me ha dicho un amigo que venía su novia en Navidades, me alegro muchísimo por él, estará feliz unos días y se lo merece. Pero soy una egoísta, y pienso en lo mal que lo voy a pasar yo, sobretodo el 10 de enero.

Hoy le he vuelto a ver. Sin más. No consigo entender por qué lo hace. Por qué cojones hace todo lo que hace y dice lo que dice.
Joder, eso de que los tíos son simples ojalá fuera cierto.

Yo sé. Es en plan de si insisto, te gusta que vaya detrás de ti, pero por miedo, no me vas a aceptar. En cambio, si paso de ti, al sentirte distanciada, intentas acercarte. (Lo dijiste tú) Y no sé cómo ni por qué tenías tanta razón, aunque quizás siempre. Lo peor de todo es que sabes cómo pienso, cómo voy a actuar, sabes que me encantas y quiero hablar contigo, como sea, pero ni yendo a Barcelona lo conseguí... Puedes pensar que estoy desesperada, y puede ser, puede ser que necesite esas conversaciones tan frías que teníamos al principio, o verte, simplemente. Joder, es que he analizado todos los putos detalles, todo lo que dije (como ves, me sé hasta las conversaciones) y no encuentro nada... Vale, quizás sea muy borde, quizás alguna vez te haya tratado mal, y si te has sentido ofendido por algo, lo siento, de verdad. Pero después, están los mensajes de "No debería haber entrado en tu vida. Quiero que seas feliz", y me pregunto si estás haciendo esto por mí, pero me siento muy egocéntrica, y pienso que igual nunca te gusté de verdad, o cosas así, y lo único que pretendes estando así es que te deje en paz, pero no entiendo que, si de verdad quieres que me olvide/olvidarte de ti/mí, por qué no me has borrado hasta ahora… Me descoloca completamente.
Algo que es peor incluso es que no me puedo enfadar contigo, porque lo único que haces es no decir palabra.
Supongo que ya te habrás dado cuenta de que te quiero, y no puedo olvidarme de ti (en fin, me desgarro por mis propias costuras, y encima soy yo quien corta mis hilos, genial).

Quizás sea hasta ridículo el punto al que he llegado, y por más que quiero no puedo hacer nada por cambiarlo. Siempre caigo, siempre. No soy capaz de aprender, solo capaz de fracasar, pero peor (Becket, por qué no tienes una frase para esto?).

Me voy a leer un rato, y ya de paso recomiendo el libro.
Ella, que todo lo tuvo. Ángela Becerra.

Un beso y dos abrazos.

martes, 14 de diciembre de 2010

7.


Susurros y contrasusurros.
Princesas sonrientes con enormes pistolas tras su espalda. Horror y espanto. Abismo. Inocencia. Resistencia.
Nos entregamos nosotros mismo a la destrucción, y reclamamos así mismo, y a cambio, más destrucción.
¿Quién dijo que quería tranquilidad…? Un error es un error.
La ostia, el corte, el mordisco, la autolesión, es el dique, el último recurso disponible que te lleva a no ser capaz de dar un paso más. Una especie de defensa innata contra la propia liquidación. Un punto de inflexión a partir del cual todo se vuelve un poco más lento: lo suficiente para seguir viviendo. Unos instantes de falsa pero necesaria tranquilidad, donde el tiempo parece pararse y el placer y el dolor se dan el más húmedo de los abrazos posibles.
Cada vez estamos más cerca de saber lo que queremos. Huelo mal, mi sabor es mucho peor.
Me escuecen los ojos. Es difícil dar cuenta de todo. Facciones de tiempo expandidas sin control, 1000 versos a la fuga. Demasiadas imágenes sin sincronizar.
La noche y la ansiedad son como dos perros que copulan, y después son incapaces de soltarse.
Señores, les comunicamos que el dolor se hace insoportable.
Tanto odio sólo puede venir de haber amado igual o más.
Por tus crueldades, me voy.
Fabulosas traiciones. Agujeros bien escondidos.
No es que no me quieras, es que me quieres mal… Los lobos y los corderos no se miran con ojos tiernos.
Porque es muy perturbador enfrentarse con alguien que no ve las mismas cosas que uno ve.
¿Acaso no nota usted que algo está ya sucediendo? Un particular infierno ha sido desatado. Los tiburones más astutos y hermosos jugaran esta vez de nuestro lado. El farol definitivo. Un riesgo que nos encanta correr. Una muesca de la historia.
No te voy a molestar, quizás te salpique, sólo eso… Tú haz como si nada.
Noches siempre en monocolor. Es evidente que quieres que muera. Lo haces bien, lo haces bien. Extraños zumbidos. Leones deshidratados llorando de miedo. Los espejos siempre se encargaron de mentirnos. El corazón late, late. Parece –o parece parecer- que en el siguiente golpecito seco se fuera a incendiar él solo. Morirá sonriendo.
Adicciones. Eléctricos e insoportables mecanismos. Las noches… su escenario preferido. Entonces es cuando campa a sus anchas por los pliegues y repliegues de mi cerebro, y lo siento cerca… quien habla en mi oído duce que al abrir los ojos estará de pie en el centro mismo de mi habitación… bailando como un derviche, lanzando besos al aire…
Estruendos. Gargantas partidas en dos. Que venga. Que me mate a ostias. Que despuente el maldito alba. Aguardo ansioso esa lluvia de patadas, puñetazos y salivazos. Los pájaros vuelas boca arriba. Las palabras se pierden en el oleaje de un mar de orina.
Merecer es un verbo que duele.
Buscaros en un buen abrazo, una buena sonrisa un buen polvo.
Elogio de la mentira. Me das asco.
Avisamos: El decorado empieza a dar muestras de cansancio. La situación no se podrá prolongar durante mucho más tiempo, si es que se quieren mantener unas condiciones mínimas de seguridad. La escena entera ha comenzado a hablar. Nada indica que se vaya a callar. Cada cual quiere escribir el guión de su personaje. El incendio ya está aquí. Que tiemble la representación.
Andaba a paso lento por las entradas del bosque cuando tu beso me fulminó.
Dame—en—la—boca la patada más dulce que me puedas dar.
Mejor, habéis llegado a la conclusión de que irse es lo mejor. Pero sois tan sucios e hipócritas, que os negáis a reconocer que se trata de un juicio que sólo representa vuestros intereses. La más bondadosa de las opciones no tiene en cuanta a nadie más que a vosotros mismos. No desperdiciéis una de vuestras estimadísimas lágrimas. No pronunciéis mi nombre en vano. No os atreváis a decirle a alguien que os importo. De verdad que debería rajaros el cuello.
Caemos, caemos. Traza el recorrido en tus hojas cartográficas. Calcula los ángulos, los virajes, los encuentros casuales, el impacto.
Tengo ganas de morderme la yugular.
Quisiera besar lentamente sus párpados antes de marchar.
La antipsiquiatría nació como lucha dentro de las instituciones contra todas las formas de represión, de violencia y gueto que existen dentro de los manicomios. La labor dentro de las instalaciones es importante, pero debe darse un paso hacia delante y estar alerta para no ser absorbidos. ¿Qué sentido tiene crear diez islas felices mientras todo el resto funciona como antes? De esta forma no se rasguñan ni siquiera las instituciones. Por el contrario la locura es recuperada por el sistema y asesinada como posibilidad subversiva. Por ello estoy convencido de que ha llegado el momento de salir de las instituciones. De no luchar solo dentro del manicomio. De luchar fuera. Hay que politizar la locura, convencer a la gente para que acepte su propia locura sin miedo y para obtenerlo, debe arrojarse al mar a los expertos. Cortarles la cabeza a los psiquiatras. Para estos, actualmente no existen más que dos alternativas: o se suicidan, o hay que matarlos.
D. Cooper.



El hospital psiquiátrico es un centro de régimen custodial o carcelario destinando a “recoger”- así se oye cada día- a aquellos que no se adaptan a las normas sociales establecidas y no participan en el proceso de producción.
Al definir hospital psiquiátrico como una institución manipuladora no hacemos más que afirmar lo que hemos vivido a  través de nuestra práctica.
(Escrito de un grupo de ex-trabajadores del Hospital Psiquiátrico de Oviedo)
Cuando el número de oponentes era pequeño la pistola funcionaba bien. Diez muertos son tolerables. Treinta mil, cien mil, doscientos mil podrían marcar un punto fundamental en la historia, una referencia revolucionaría de tan deslumbrante luminosidad que el capital se ha hecho más absoluto. El fármaco tiene una neutralidad que no poseen las balas. Tienen la coartada terapéutica.
La enfermedad mental era una  forma de despojar de su locura al loco, de quitarle el derecho de ser loco.
El papel del internamiento es el de reducir la locura a su verdad, y la verdad de la locura es la razón del hombre. El encierro cambia su sentido, la anulación de la libertad ya no es consecuencia de la locura, es la esencia de la misma. Tan sólo  se encierra a quien realmente muestre comportamientos de los que se pueda deducir que libre haría daño a los demás, o se lo haría a sí mismo.
Si la libertad significa algo, es el derecho a decirles a los demás lo que no quieren oír.
George Orwell. In memoriam.

Enajenadxs.