Creemos en nosotros,
aquí nadie reza.

domingo, 27 de agosto de 2017

Whatever.

Él estaba ahí, esperando. Se puso de pie para hacer algo mientras. Estaba solo, todo lo solo que se está cuando se espera a quien no llega. 
Empezó a dar vueltas, jugando con sus piernas. Había un bordillo que servía casi de asiento y saltó encima, con las dos piernas pegadas. Luego, saltó hacia atrás sabiendo que habría un suelo que le recogería, no muy lejos del principio. En esas décimas de segundo, le dio tiempo a pensar qué pasaría si no había suelo bajo sus pies. Y si caía hasta el infinito sin poder ver qué había debajo nunca porque había saltado hacia atrás. Y si solo veía los colores degradarse hasta llegar a la nada.
En verdad, así era su relación. Una constante caída hacia atrás esperando que ella le recogiese, le sirviese de apoyo. Pero ella nunca estaba porque estaba demasiado ocupada con su vida. Y lo entendía, no quería ser un estorbo, pero él también tenía necesidades.
Ese fue el momento en que decidió dejarla.
Y ese también fue el momento en que tocó el suelo con sus pies. Y ella estaba ahí, sonriendo, para cogerle cuando se tropezó.
Seguían sin poder estar juntos. Su relación no podía seguir siendo una caída a ciegas con algunas ramas a las que agarrarse de vez en cuando.